martes, 2 de marzo de 2010

Del ParaEstado posible (II):

La injerencia paramilitar en Venezuela
Miguel A. Pérez Pirela

1.- La droga es el petróleo del para-Estado: DAS, Para-militarismo y Oligarquía tienen como fuente de financiamiento fundamental el fenómeno de la Droga[1]
Existe a través del DAS, del paramilitarismo y de la oligarquía un sistema bien estructurado con objetivos y estrategias precisas de injerencia colombo-venezolana que están aflorando de más en más. Pero antes de hablar de estos objetivos y estrategias es importante preguntarse quién los financia. Porque si se está estructurando un ParaEstado venezolano de algún lugar debe salir el dinero que lo sustenta.
En el caso del Estado venezolano no cabe duda que históricamente ha sido el petróleo, pero en el caso del ParaEstado que se está creando, la fuente proviene del narcotrafico, es decir que la droga es el petróleo del ParaEstado
[2]. De aquí que tenga sentido las 600.000 toneladas de cocaína incautadas por autoridades venezolanas desde que se instauró el Plan Colombia. Es importante acotar que durante 10 años del Plan Colombia se produjeron en promedio 624,2 ton/año de cocaína, superior al promedio de los 5 años anteriores que fué de 303 ton/año.[3]
A su vez, la estrategia mediática por parte de las grandes transnacionales de la información no es otra que hacer pasar a Venezuela por cómplice del tráfico de drogas internacional para después justificar cualquier tipo de acción bélica. En este sentido, el acuerdo que permitiría al ejército estadounidense utilizar las siete bases militares colombianas para “luchar contra el narcotráfico y el terrorismo” materializa estas amenazas de guerra contra Venezuela.


2.- Objetivos y estrategias de la injerencia colombo-estadounidense en Venezuela: Estrategias de injerencia/El delito es sólo el primer eslabón táctico de una estrategia más compleja

2.1 Primer eslabón (Desestabilizar la sociedad): Delitos y modus operandi exportados desde Colombia/Sicariato: Carteles de la Droga nacidos en los años 80`/ Secuestro Express/ Latifundio/ Bingos legales e ilegales/ Cobro de vacunas/ Azotes de barrio paramilitares/ Masacres con metodología particularmente violenta
Ahora bien, aquí es necesario realizar una crítica fundamental. Decía José Martí que “hay quienes piensan que toda fruta acaba en la cáscara”. Así mismo existen muchas personas, incluso desde la propia Venezuela, que siguen sosteniendo que el problema del paramilitarismo venezolano es un mero problemas de delito. Nada más lejos de la realidad: los delitos son simplemente el primer eslabón de un proceso de injerencia.
No cabe duda que existen delitos y modus operandi exportados desde Colombia que están impactando de más en más en la cotidianidad venezolana. Nos referimos por ejemplo: al sicariato que caracterizó los carteles de las drogas nacidos en los años 80, al secuestro express, al latifundio express
[4] que no tiene nada que ver con latifundio clásico, bingos ilegales y legales, cobro de vacunas, azotes de barrios, (que ya no son sólo el resultado de la actuación de delincuentes comunes sino de paramilitares).
Además recordemos la masacre ocurrida en el Estado Táchira el 12 de octubre de 2009, con una metodología particularmente violenta
[5] que escapa de las metodologías propias de la tradicional violencia venezolana. Debe quedar claro, que de ningún modo se está afirmando de manera chauvinista que en Colombia existe violencia y en Venezuela no. Se trata aquí más bien, a través de los ejemplos expuestos anteriormente que la violencia que el Paramilitarismo está practicando en Venezuela posee características bien precisas, cuyas raíces parecen inscribirse en la guerra de la cual es victima Colombia.
Ahora, si nos centramos única y exclusivamente en la crítica y en alertar sobre los peligros del paramilitarismo, a partir del elemento de desestabilización de la sociedad a través de delitos, estamos simplemente tratando el eslabón más visible, espectacular y cotidiano. Existen dos eslabones más que son mucho más preocupantes, porque tocan ya no sólo desde el punto de vista coyuntural la vida de los venezolanos sino también el punto de vista estructural.

2.2 Segundo eslabón (Derrocar al gobierno): objetivo magnicidio
El segundo eslabón corresponde precisamente al derrocamiento del gobierno a través del instrumento paramilitar. El caso Daktari es sintomático en relación a la intención latente que existe de utilizar, si es el caso, el instrumento paramilitar para perpetrar, además de una desestabilización social, un golpe de Estado.
En las confesiones de los jóvenes paramilitares encontrados en el municipio El Hatillo y en las vestimentas de los mismos quedaba claro, que la inetención última de esta célula paramilitar era atacar el Palacio de gobierno venezolano, utilizando uniformes de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Todo ello con la finalidad de crear un confusión interna dentro de las fuerzas Armadas Bolivarianas, que diera paso, en un primer momento a un golpe de estado, y más tarde, a un magnicidio.
Resulta interesante notar que miembros de estas Fuerzas paramilitares descubiertas dentro de las fronteras venezolanas, y más aún en la capital de la República, eran integrantes de las mismísimas Fuerzas Armadas Colombianas. Todo ello parece darnos luces sobre la posible implicación del Estado colombiano en la conformación de un ParaEstado colombiano, cuyas fuerzas paramilitares estarían violando la soberanía del vecino Estado venezolano.
Ello resulta desde el punto de vista politológico, no solamente interesante, sino más aún sorprendente: El Estado colombiano, prestando sus tropas oficiales al fenómeno del Paramilitarismo no ha hecho nada más y nada menos que, desdoblarse y aupar la creación de un ParaEstado colombiano
[6]. Hecho sorprendente: dicho ParaEstado colombiano, aunado a sus fuerzas paramilitares, está siendo pieza estratégica, no solamente de la desestabilización del Estado venezolano, sino más aún de la creación de un ParaEstado en dicho país.

2.3 Tercer eslabón (Destruir el Estado venezolano): Construcción del ParaEstado, creación de FFAA paralelas
Junto al Paramilitarismo colombiano, anteriormente descrito, existe un tercer eslabón que es el paramilitarismo trasnacional (Colombo-estadounidense venezolano), el cual tiene como finalidad última desestructurar el Estado venezolano.
Existen variados y a la vez preocupantes fenómenos dentro de la geografía venezolano que dan muestra de ello: el debilitamiento y destrucción de las fronteras a través de pasos ilegales entre los dos países, la creación de FFAA paralelas, toques de queda decretados por los jefes paramilitares, alcabalas paramilitares en autopistas y avenidas venezolanas, empresas de protección y vigilancia privada paramilitares, (parapolicías), jueces paramilitares que castigan delitos comunes de ciudadanos venezolanos, tribunales de trabajo que despiden y buscan empleos a sus ciudadanos dentro del territorio venezolano, veladores de las “buenas costumbres” y “respeto de los modales” en zonas fronterizas so pena de morir. Hoy día la propiedad privada se respeta mientras esté vacunada por paramilitares. Pero lo más grave de todo esto es que los fenómenos anteriormente descritos están siendo aplicados no sólo en territorios fronterizos, sino que está ocurriendo en las barriadas populares de muchas de nuestras principales ciudades.
¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? Una de las afirmaciones aproximativas que se puede realizar es que existe de facto la construcción de un ParaEstado venezolano, que tomando como elemento o instrumento al (Para)Estado colombiano ha llevado a la situación a un extremo tal que hoy existan en territorio venezolano: fuerzas armadas paralelas, estados de sitio, parapolicías, parajueces, paraministerios de trabajo, parapropiedad privada e, incluso, una paramoral y buenas costumbres.
[7]
Ahora bien, ¿quién se encuentra detrás de toda esta parafernalia teórica y fáctica anteriormente expuesta? Nada más y nada menos que la intención, y más aún, la voluntad de crear un ParaEstado venezolano a imagen y semejanza del ParaEstado Colombiano.

(Continúa...)

[1]Según el investigador norteamericano Adam Isacson, desde 1999 Colombia ha sido el tercer país principal beneficiario del mundo en asistencia militar y policial por parte de los Estados Unidos, y desde 2001 es el país que cuenta con la mayor cantidad de personal militar norteamericano en sus fronteras. Sin embargo, desde 1998, Colombia abarca la mayoría de la producción de coca de América del Sur, y ya para el 2001 su parte de la producción había aumentado en un 76 %. (Youngers Coletta & Rosin Hielen, Drogas y Democracia en América Latina. El impacto de la política de Estados Unidos. Argentina, 2005. Pàg. 69)[2] Por parte del paramilitarismo, cerca de 580 mil millones de pesos ingresaron por concepto de la venta de coca a los narcotraficantes, cerca de 700 millones de pesos mensuales. (A. Zabala. Paracos. Incluye diario inédito de don Mario. Bogotá, 2009. Pág. 174.[3] Según Oficina Nacional Antidrogas.[4] Inmensas propiedades que cambian súbitamente de dueños sin explicación aparente.[5] En esta tragedia hombres del Ejército de Liberación Nacional (ELN), presuntamente, asesinan a 10 personas (ocho colombianos, un venezolano y un peruano) que jugaban fútbol en el barrio Costa Rica del Chururú en la frontera colombo venezolano. En mitad del partido de manera repentina una banda armada se presentó en el terreno de juego, el jefe de los secuestradores le arrebató al árbitro la lista de jugadores que estaban disputando el partido, tras leer la lista, la banda secuestró a doce de los integrantes, los jugadores fueron llevados bajo un puente, donde estuvieron retenidos hasta el momento de su fusilamiento.
(Consultar en:
www.caracoltv.com/noticias/nacion/articulo161152-regreso-al-pais-el-unico-colombiano-sobrevivio-a-masacre-tachira)[6] Carlos Lozano Guillén afirma que “(…) los altos mandos militares y oficiales de mayor graduación a los que se les comprueba el vínculo con la guerra sucia, son absueltos por la justicia penal militar y hasta promovido y condecorados como en numerosos precedentes.” (C. Lozano Guillén, Guerra o paz en Colombia? Cincuenta años de un conflicto sin solución, Bogota, 2006. Pàg. 89)[7] Ello quiere decir que la estrategia no va sólo encaminada hacia la construcción de un ParaEstado, sino también de una ParaNación. Considerando el Estado un ente burocrático y la nación un ente identitario, se puede afirmar entonces, que la violencia que se está dando en estos momentos en Colombia, y que tiene más de un centenar de años, se está exportando sin más a Venezuela. Definitivamente hay que decir que Colombia no está solamente exportando droga, está exportando también modelos y patrones de violencia hacia el vecino país.