lunes, 16 de marzo de 2009

El marketing de Obama:


Miguel Ángel Pérez Pirela
(Publicado: "Cayendo y Corriendo" Diario VEA, "A tres manos" El Nacional)


El gobierno de Barack Obama abre los cien días de su gestión con acciones que, lejos de ser reales, manifiestan un marketing político bien logrado. Nos referimos al llamado proceso de “flexibilización” con relación a Cuba. Estas medidas, no solamente no son reales, sino que más aún transforman y tergiversan la realidad.
Es así como, lo que pareció ser una apertura con relación al libre tránsito de los ciudadanos estadounidenses-cubanos hacia la isla, y un estímulo a cambios sustanciales relacionados al bloqueo contra la isla, no tardó en revelarse como lo que realmente es: un cambiar todo para que no cambie nada.
Si a analizar vamos los presuntos cambios implementados por los Estados Unidos en relación a Cuba, no tardamos en darnos cuenta que lo único que realmente se ha hecho de sustancial es extraer los fondos destinados al castigo de aquellos que se relacionen con la isla. Medidas que, vistas de manera objetiva, son ventajosas para un país que está pasando por una debacle financiera sin precedentes. Los Estados Unidos, a través de estas medidas, no están haciendo nada más que establecer soluciones de ahorro para consigo mismo.
Además se debe notar que el mismo 11 de marzo de 2009, día en el cual se ejecuta el “Boom” mediático internacional de la “flexibilización” a Cuba por parte de los Estados Unidos, este mismo país ejecuta acciones punitivas contra la transnacional francesa Lactalis, con sede en los Estados Unidos, por haber establecido relaciones económicas con Cuba. Como ya sabemos, nada es casual en la política geoestratégica imperialista de los Estado Unidos…
Estamos entonces de frente a un mismo país con posturas diferentes, o lo que es lo igual, un solo cuerpo con dos cabezas. Por una parte, una cabeza estéticamente correcta, la de Obama. Por otra, una cabeza políticamente incorrecta que mantiene intacta su política de ingerencia dentro de Latinoamérica y el Caribe.
Está demás decirlo, el cuerpo es el mismo. El de un país que durante los últimos cien años ha realizado acciones de ingerencia prácticamente cada año en la región.
Las conclusiones son por ello claras. Es hora de despejarnos de aquellas ingenuidades que todavía sobreviven en Nuestra América, incluso en el seno de las múltiples izquierdas latinoamericanas. Izquierdas que, por cierto, promocionan de más en más encuentros entre personas y no entre Políticas, o lo que es lo mismo, defienden lazos coyunturales y no cambios estructurales.
De nada sirve que Lula encuentre a Obama, y que de allí surja un posible encuentro entre Chávez y Obama, etcétera, etcétera. Lo que es aquí necesario es que se sigan poniendo en marcha Políticas de Integración Latinoamericana Estructurales y, desde ellas, presentarnos como un solo bloque delante de ese monstruo de dos cabezas en que se ha venido convirtiendo los Estados Unidos.
No hay que olvidarlo: tres formas de negociación han caracterizado centenariamente la táctica y estrategia exterior estadounidense. La económica (TLC, fondo de ayudas), la militar (Plan Colombia, IV Flota) y la política. A través de la primera han comprado a nuestros dirigentes. Por medio de la segunda han azotado a nuestros pueblos.
Seamos entonces capaces de utilizar la Política, fundada en la integración latinoamericana, como musculosa herramienta para afrontar de manera soberana y unida en estos tiempos que corren a los Estados Unidos. País que, por cierto, está justo ahora, en bancarrota económica y en medio de desplazamientos militares planetarios, muy parecidos a retiradas.
Algo debe quedar entonces claro. Los derechos humanos, ni contra Cuba, ni contra nadie, se flexibilizan. Estos no se dan a cuenta gotas. Por ello, ese marketing de la “flexibilización”, por más real que parezca, existe única y exclusivamente en los medios de comunicación.